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30 años, Retrospectiva

Actualizado: 28 mar 2022

Realizar este video me ha hecho reflexionar sobre varias cosas que quiero compartirte. Por favor no cometas los mismos errores que he cometido yo...


Ser artista plástico tiene una ventaja increíble, que creo que ninguna otra profesión puede ofrecer: Puedes ver en tu obra todo aquello que reside en tu corazón y en tu subconsciente, puedes descubrir las diferencias que existen entre lo que crees que pretendes o pretendiste expresar en tu obra de forma consciente o deliberada, y también aquello que quedó reflejado en ella a pesar tuyo: aquello que comunica esa parte de ti que llamaré "Subconsciente Emocional y Sensible", o en su sigla: SES.


(Seguramente los psicólogos y neurocientíficos tendrán un nombre mucho más apropiado. Este me lo inventé yo justo en este artículo)


¿Y, para eso, no está el Psicólogo?

Claro, creo que lo mejor que uno puede hacer en la vida es hacer psicoterapia. Nada te enseña más sobre ti mismo que este proceso, y nada te permite alcanzar mejor control sobre tu vida que el aprender a conocerte, a valorarte, a establecer límites sanos, comprender los enganches y codependencias que construimos en nuestras relaciones, pero también es cierto que el psicólogo trabaja desde el lenguaje corporal y desde el lenguaje oral, y no puede ver directamente en tu subconsciente como si mirara a través de una ventana. Pero tú como artista plástico, SI PUEDES VER A TRAVÉS DE ESA VENTANA DIRECTAMENTE


La obra de arte es esa ventana que te muestra el inmenso paisaje de tu subconsciente. En tu obra no solo ves aquello que quisiste plasmar, sino que ves también todo lo que hay dentro de ese subconsciente: ves tus emociones, ves los sentimientos que condicionan tu percepción, ves muchas cosas que quedan plasmadas a pesar tuyo y que son lo que otorga valor a tu obra. Únicamente hay que aprender a escuchar, a callar nuestro ego y nuestro ruido mental, para poder aprender de lo que nuestras obras tienen para enseñarnos.


Alguna vez fui artista emergente

Para mí lo más atractivo en este video, son mis trabajos comprendidos entre 1989 y 1993. Son el trabajo de un joven artista emergente que ya no soy desde hace muchísimos años y, por lo tanto, cuando veo su obra, siento la atracción que encuentra uno con frecuencia en otros artistas, en aquellos que hacen cosas diferentes a las de uno, que tienen lenguajes y búsquedas que uno quisiera copiar, o aprender.


Nuestra autoestima suele estar tan desajustada, que solemos valorar más las cualidades de otros que las nuestras, y mientras reconocemos el valor de los demás, solo vemos los defectos en nosotros mismos. Lo interesante, en este caso, es que al ver mi trabajo de juventud sé que su autor fui yo mismo, pero un yo diferente: joven, pasional, impulsivo, ingenuo, tímido a morir, lleno de inseguridades y complejos, dudas, miedos, ansiedades frente al futuro, lleno de todas esas características que definen a grandes rasgos a la gran mayoría de veinteañeros.


Recuerdo que, cuando era él, yo sufría siendo yo: Temía por el valor de mi obra y el de mi mismo como persona, porque ahora sé que para ese entonces apenas comenzaba a conocerme, pero todavía no había convivido conmigo mismo lo suficiente como para saber quien era yo en el tiempo, como en una relación de amistad de años donde uno conoce al otro y su evolución con los años.


Cuando veo cada obra que he hecho, recuerdo las emociones y vivencias al rededor de ellas, las razones por las que las creé, las anécdotas, y también logro ver ahora lo que mi alma expresaba en ellas a pesar de mi mismo, y que constituyen el valor que dichas obras pudieron tener. Aquello que ven los otros y que generalmente uno nunca ve. Supongo que es por esto que uno es tan crítico con respecto a su propio trabajo como artista: porque nunca podemos hacer las cosas como nos imaginamos que podrían ser, y estamos demasiado involucrados emocionalmente como para poder ver todo lo que realmente hay en ellas y que no somos conscientes.


Siento que podría escribir decenas de páginas narrando vivencias sobre la mayoría de obras que componen este video. Serían demasiadas, pero les comparto una:


Podría hablar del día en que la niña que amaba, mi primer amor de corazón desgarrado, me citó a un café para decirme que quería terminar conmigo, y cómo llegué a casa con los pedazos del órgano mencionado para encontrar visitas de parientes que venían a turistas unos días,


Yo dije: "mamá, sufro mucho"

Mi madre dijo "ay, pobrecito, no tengo tiempo ahora. Ve y pinta algo"

Yo dije ¿"qué pinto?"

Ella respondió: no sé, tal vez... un san Sebastián"

Yo dije "ok" y me enclaustré en mi cueva a padecer mi agonía tratando de obedecer, porque en ese estado no tenía voluntad propia.



Yo lloraba, y mi San Sebastián también. Escurrían gotas de tintas verdes diluidas con agua que encharcaban el piso de mi cueva, y sentía que el cuadro lloraba conmigo mientras pintaba. Unos días después se terminó el cuadro, y como seguía sufriendo, empecé otro san Sebastián, y luego otro más, y al terminar el tercero descubrí que podía seguir viviendo y que ya no sufría. Los tres cuadros fueron mi Divina Comedia, y San Sebastián fue mi Virgilio, acompañando mi descendimiento al infierno hasta salir del otro lado.


Esos tres cuadros me enseñaron las etapas de un duelo emocional y cómo se procesan las emociones y las construcciones mentales que suceden dentro de un duelo, y cada vez que los veo nuevamente aprendo más sobre el adolescente que los pintó, y que meses después esa misma exnovia le pidió que la pintara desnuda, por primera vez en la vida, de ambos. Ese cuadro también está en este video. (fue sumamente incómodo y lleno de emociones encontradas que hacían explotar mi corazón, e imagino que también el de ella)



Una bella canción para acompañar la lectura, si quieren...


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