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«Perder es ganar un poco»

Actualizado: 8 mar 2022

Hace unos meses participé en un concurso de pintura en el que ni siquiera clasifiqué entre los finalistas. Me dio muy duro, le perdí el gusto a pintar y no lo hice por un mes. Teniendo en cuenta mi situación económica, me pareció un despropósito el dinero que invertía en mi formación artística y suspendí mis clases para hacer un ahorro, también por un mes. Aún hoy siento algo de desprecio por mis obras, lo que no sucedía antes, ya no me juego la vida con cada pincelada, el resultado perdió parte de su importancia.


También he participado en varios concursos de cuento. Recuerdo vagamente que gané uno en el colegio, también otro en la oficina y después logré un segundo puesto, en el mismo certamen. Pero he perdido muchos, con el mismo efecto en mi ánimo, incluso más duradero.


Este año gané un premio de periodismo, un verdadero golpe de suerte porque no soy periodista y nunca antes me había inscrito en ese tipo de pruebas. Recuerdo las palabras de Lourdes Zimmermann, la editora del medio para el que escribía: Un premio es algo muy especial, no sucede todas las veces.


¿Qué es ganar un concurso?: (bueno, depende de qué tan importante sea) la emoción de la noticia; una gala; el reflector sobre ti unos segundos; un trofeo; aplausos; fotos; unos días de reconocimiento en los que te saluda la familia y antiguos y nuevos amigos; de pronto recibes dinero o algún beneficio no pecuniario; el guayabo propio de cualquier borrachera, y después de todo eso, nada. Estoy seguro de que Messi no ha cambiado por ninguno de sus siete balones de oro y tantos otros premios.


Aún en el duelo del concurso de pintura me encontré un video de Eckhart Tolle, «un guía espiritual» y escritor alemán, en el que escuché frases como esta: «Lo más importante en la vida de una persona son sus fracasos». Me acordé de la frase de Francisco Maturana: «Perder es ganar un poco», de la que tanto nos hemos burlado, quizás porque no la entendimos.


Pues Tolle nos explica que el ego desea el resultado de la acción, en este caso el primer lugar en el concurso; no le interesa la acción en sí misma: pintar. En algún momento de mi vida leí o vi por televisión o en la universidad todas esas cosas locas que le sucedían a los artistas famosos y mi ego dijo: Me gusta eso, a partir de allí ambicioné ser famoso como pintor. Asumo, porque Tolle no lo dice en su video, que mi exagerada frustración es producto de mi ego, que me castiga por algo que realmente no dependía de mí, sino del jurado del evento.


El éxito, según Tolle, es disfrutar lo que se hace, para mí sentir amor por la pintura, suficiente amor para concebir la idea del cuadro, componerlo, bosquejarlo, pintarlo, fallar, corregir, criticarlo, sufrirlo y terminarlo. Emocionarse con los temas, los mensajes, los materiales, los retos, los aprendizajes, los maestros, los compañeros. Hay varias frases de Van Gogh que lo corroboran: «Quien ama mucho, realiza mucho y puede lograr mucho, y lo que se hace con amor se hace bien»; «Si realmente amas la naturaleza, encontrarás belleza en todas partes».


El fracaso, que puede ser pintando un cuadro o perdiendo una competencia, ofrece «los principales aprendizajes y transformaciones, […] los avances espirituales». Así que Messi realmente creció después de las eliminaciones y finales perdidas con el Barcelona y la selección argentina y yo me transformaré al final de este túnel egóico que ya está bien largo.


El fracaso es necesario, para cerciorarme si estoy en la actividad correcta, si amo a la pintura lo suficiente como para seguir en ella; para hacer ajustes, ¿estoy pintando lo que quiero, lo que me gusta, lo que me expresa, lo que hago mejor?; para alcanzar la plenitud, pues si nunca he fracasado posiblemente no he intentado nada exigente o diferente.


El camino del ego no nos lleva a la felicidad. ¿Cuántas personas de las que llamamos equivocadamente exitosas son infelices y están insatisfechas? Te puedes poner la meta más alta y difícil, esforzarte y estresarte para alcanzarla y cuando llegues a ella tu ego dirá: ¿esto era todo?, una vez superada la euforia de la victoria ya el ego te estará instigando para lograr un nuevo objetivo.


Obedeciendo al ego no alcanzarás la plenitud real. En cambio, puedes disfrutar del camino, gozar cada pincelada y cada obra terminada, que quizás te lleven a esa misma meta, pero con mejor genio y calidad de vida.



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